Dos genios en sintonía. Einstein & Schumpeter
“La vida es como montar una bicicleta. Si quieres mantener el equilibrio tendrás que mantenerte en movimiento” Febrero 5 de 1930. Albert Einstein (1879 – 1955) en una carta a su hijo Eduard.
“La esencia del capitalismo, es el dinamismo — ¡no el equilibrio estático! Un capitalismo inmóvil sería una contradicción en los términos” Joseph A. Schumpeter (1883-1950)
De pensar que el gran genio y científico más famoso del mundo e importante del siglo XX, a sus 6 años de edad se asombró y quedó absolutamente cautivado con una brújula, regalo de su padre para alentar al pequeño Albert cuando estaba enfermo en cama. Con una absoluta claridad supo en ese momento la dirección que su vida seguiría. Como si esa brújula fuera un llamado a definir su camino en la ciencia, la dirección devota a una vida científica y llena de grandes descubrimientos se comenzaba a gestar impulsada por la inquietud y deseos de comprender el universo y las fuerzas ocultas que rigen y gobiernan toda materia. Este gran físico, era un hombre sencillo que a sus 26 años configura intelectualmente 4 investigaciones que establecen las bases del universo cuántico por un lado y también del universo cósmico. Walter Isaacson , autor del libro “Einstein; His life & universe”, cautiva al lector con esta frase de inicio antes que el resto de las más de 550 páginas mostrando a un Einstein andando en círculos en una bicicleta. Sin duda esta frase tiene un sentido tan diverso que sus palabras en aquella carta a su hijo se prestan para una profunda reflexión. El movimiento lo interpreta como la capacidad de permanecer vivo, con pasión, de mantener la capacidad de asombro por las cosas que creemos definidas y solventadas. Es la fuerza que siempre lo llevó a buscar más preguntas que respuestas. El movimiento, el progreso como seres humanos es la pieza clave para alcanzar la felicidad y la satisfacción de una vida dinámica y con propósito. Coincidentemente, un gran economista opacado sólo por la sombra de Keynes, definía el progreso de los pueblos mediante dos elementos clave: la inversión y la innovación. Schumpeter además de ser contemporáneo a Einstein pensaba igualmente en el movimiento pero como elemento de Conditio sine qua non del capitalismo. Este genio de la economía entendió mucho antes de las crisis económicas que las burbujas disruptivas son producto de un capitalismo que derrite la obsolescencia y que castiga la inmovilidad. Los ciclos y cambios en el progreso y crecimiento económico de las naciones están determinados por su capacidad de invertir en la innovación. Schumpeter alcanza la fama al crear el concepto llamado “Destrucción creativa”, que plasma en su libro “Capitalismo, socialismo y democracia (1942)”. Con él describe el proceso de innovación que tiene lugar en una economía de mercado en el que los nuevos productos destruyen viejas empresas y modelos de negocio. Ambos hombres y genios, uno físico y otro economista, delinean al movimiento como la razón del progreso. Einstein en su carta a su hijo muestra en perspectiva al progreso humano, al progreso y avance individual y Schumpeter lo hace colectivo, como un llamado a la comunidad a innovar para prosperar.
Este año que inicia y que no necesariamente será mejor que el anterior, obliga a pensar en estas enseñanzas que nos dejan estos hombres para crear e innovar en nuestras empresas. El llamado al “Movimiento” y a la “innovación” es una forma de manifestarnos que el riesgo a perder competitividad por hacernos obsoletos está siempre presente en las empresas y en las personas. Hay que temer a nuestra propia capacidad de inmovilidad, de conformismo, de satisfacción. Estar en crisis, vivirla como ahora en nuestro país y en el mundo, es una buena oportunidad para desempolvar la mente y arriesgarnos con ideas creativas que destruyan la obsolescencia. El líder que tome este rol de innovación será seguido por sus colaboradores, el deseo por el progreso hay que despertarlo, no siempre está en la voluntad inmediata de las personas. Al momento de seleccionar a nuestros colaboradores existe un perfil muy claro de estos emprendedores y agentes de cambio. El emprendedor innovador , según lo describe Schumpeter se trata de un individuo fuera de lo común por su vitalidad y por su energía, incluso ante fracaso temporarios. El innovador no es un inventor. Este último es generalmente un genio, un técnico/científico amateur o de profesión. El emprendedor crea mercados para los inventos de los genios. El innovador se destaca además por su perseverancia y por su ambición, no por su genialidad. Su motivación no sería la mera riqueza, o el simple hedonismo: el emprendedor schumpeteriano -que proviene de cualquier clase social— sueña con crear un imperio económico, una dinastía empresarial.
En teoría, nuestros procesos de selección de talento deben de estar enfocados a determinar esta sed por el movimiento, por la innovación. A identificar para rechazar a las personas estáticas por naturaleza. Como el perfil que describe Schumpeter, a diferencia del genio necesitamos personas con vitalidad y energía, tolerantes al fracaso y con gran sentido para detectar oportunidades de negocio. Para fortuna de las empresas si bien son escasos estos emprendedores innovadores -no es que sean estos abundantes-, son más que los genios que existen. El líder de empresa y cualquier persona involucrada en la atracción, identificación, captación y retención de talento, deberá de ser capaz de sustraer la información necesaria que muestre aquella brújula como la del pequeño Albert, saber que nuestros equipos cuentan con ella y que sólo faltará darle la dirección correcta para alcanzar la prosperidad en las organizaciones e instituciones que conforman a la sociedad. La pregunta ¿Cuál ha sido la brújula y la dirección manifiesta de su gente? es una tarea que permitirá conocer mejor a las personas que lo rodean en su empresa y con ello afianzar y delinear las metas a conseguir este 2010.
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