miércoles 3 de marzo de 2010

El mito del capital intelectual mexicano

“La tumba del héroe es la cuna del pueblo” Laberinto de la soledad. Octavio Paz




Continuamente nos vemos envueltos en la inmensidad y abundancia de conceptos y teorías sobre el capital intelectual, el talento, el liderazgo, resultados basados en liderazgo, competencias y demás fundamentos de la persona como requisitos para adentrarse al universo laboral para crear un vínculo de éxito entre el trabajador y la empresa. Los libros más sobresalientes y serios hablan de fórmulas como: capital intelectual = competencia X compromiso (Dave Ulrich) ; Liderazgo = atributos x resultados (Senger & Folkman) que nos permiten a las empresas medir el desempeño de esta relación existente entre las empresas exitosas y las personas que en ellas trabajan. El ritmo actual de la sociedad y de los avances tecnológicos nos hacen cada vez más adentrarnos en la complejidad del mundo empresarial y del tipo de personas que necesitamos para poder competir, trascender y mantener nuestros negocios en el largo plazo. Por ello, las personas que trabajan en las empresas son más que manos trabajando o mentes brillando, son seres humanos dotados de pensamientos y comportamientos que influyen, cambian, accionan y generan la actividad necesaria para sostener a la empresa y sus procesos estratégicos. Entender estos comportamientos es la base para identificar el potencial que las personas aportan a las organizaciones actuales. Según los autores del libro “El Líder Extraordinario” John H. Zenger y Joseph Folkman, el carácter es la pieza fundamental del liderazgo e incluye valoraciones éticas, transparencia y apertura. Para poder trabajar sobre estás ponderaciones del carácter y aterrizar estos conceptos en nuestras empresas, debemos de tomar en cuenta la conceptualización que existe del mexicano en los ambientes laborales y sociales. Alan Riding, autor de “Vecinos distantes” configura al mexicano con un pasado continuo e inconsciente, de avasalladora mayoría (90%) mestiza en términos étnicos, tanto hijos de Cortés como de Cuauhtémoc, ni indígenas ni españoles. La complejidad del mexicano y su ambivalencia radican en el enfrentamiento de estas dos raíces.  1 “La mayor parte de los mexicanos meditan y filosofan, son discretos, evasivos y desconfiados; son orgullosos y vigilantes de las cuestiones de honor; se ven obligados a trabajar mucho, pero sueñan con una vida de holganza; son cálidos, ocurrentes y sentimentales y, en ocasiones, son violentos y crueles; son inmensamente creativos e imaginativos y, sin embargo resulta imposible organizarlos porque en lo interno tienen ideas definidas y en lo externo son anárquicos. Sus relaciones entre sí – y con la sociedad considerada en general- se guían por las tradiciones más que por los principios, por el pragmatismo más que por la ideología y por el poder más que por la ley…..El mexicano toma en cuenta más lo que uno es que lo que hace, el hombre y no el puesto que ocupa: trabaja para vivir y no a la inversa. …….Más bien interpreta al mundo con sus emociones. En un entorno de desorden aparente, puede improvisar, crear y, finalmente imponer su personalidad en las circunstancias. ……El mexicano no es jugador de equipo, le resulta difícil aceptar una ideología que exija congruencia estricta entre sus ideas y sus actos. Incluso los derechos legales, con frecuencia, se deben filtrar por las facultades discrecionales de los individuos convirtiéndose en favores personales. …..Para el mexicano la imagen del éxito es más importante que cualquier logro concreto. Cotidianamente, la puntualidad parece poco valiosa, ya que no vale la pena truncar nada importante o grato en aras de un compromiso futuro: el llegar tarde a una cena no merece disculpa; por el contrario, lo grosero es llegar a tiempo, se conciertan citas, tanto con un ejecutivo como con un fontanero de barrio, con pocas esperanzas de que sean cumplidas y nadie se molesta mucho cuando no se respetan. Si el pasado está seguro, el presente se improvisa y el futuro vendrá por sí mismo. El ni modo es una connotación de mala suerte o de algo inevitable, es la respuesta normal ante un error o accidente.

Así, en resumen, sucesivamente retrata a los mexicanos, como grandes creativos desorganizados. Si su sentir, estimado lector, al leer estos párrafos es de decepción o enojo, estoy de acuerdo. No hay nada más difícil que aceptar la percepción de otro, es un ejercicio de autocritica y de análisis muy valioso. Otra obra que retrata este aspecto es la que formula Mauro Rodriguez Estrada en “La Psicología del mexicano en el trabajo” así como el gran poeta Octavio Paz en “Laberinto de la soledad”. Estos 3 autores detallan un comportamiento que provoca cierta incomodidad y lacera el ego. Pero más allá de los sentimientos que levantan estas obras, es importante concentrarnos en la realidad que se percibe de nosotros los mexicanos para combatir con resultados estos postulados que nos permitan dejar atrás esta interpretación de un nosotros mediocre.

Los actuales autores de libros de negocio recomiendan seguir ciertos pasos para sobreponerse a ciertos comportamientos negativos en las empresas a través de las mejores prácticas de recursos humanos. En México, y dado que tenemos este antecedente ya ilustrado, existen ciertos mitos en el manejo de personal que no hacen más que confirmar estas hipótesis de mediocridad y creatividad combinada. Pensamos que un empleado satisfecho es un empleado productivo, y que esta satisfacción está dada principalmente por una motivación económica y remunerativa. También pensamos que la forma de aprendizaje es a través de castigos y que somos incapaces de generar cambios radicales a través de un liderazgo participativo. La lealtad del colaborador sólo se puede obtener a través de ofrecer seguridad en el empleo. Esta idiosincrasia es preciso modificarla. Los encargados del manejo del talento en nuestras empresas, son los líderes y responsables de generar un ambiente laboral positivo y comprometido. La creación del capital intelectual está dictada por procesos serios y profesionales, de teorías y herramientas para retener, atraer y desarrollar talento. Todo manager debe reconocer la importancia que tiene el capital intelectual. El desafío está en cómo transmitir y compartir la información de objetivos y metas de las empresas. Estamos acostumbrados a vivir con procesos de rutina que no validan la trascendencia de la persona detrás de la tarea. Es importante “abrir los libros” para poder motivar a las personas. El simple hecho de dotar a los colaboradores de información estratégica y del rumbo que se pretende en la organización, acompañado de una misión clara e integradora, genera el involucramiento y compromiso de las personas. Tenemos que impregnar en nuestros colaboradores un sentido de propósito y significado en cada actividad, rol y responsabilidad. Generar una conciencia grupal de lo importante que es cada persona por más esencial y simple que sea la tarea. En nada tiene que ver el tipo de contrato legal/laboral para obtener un compromiso de los empleados. Un contrato psicológico basado en la empleabilidad, antes que en la seguridad, de la mano con el compromiso de las empresas de crear oportunidades para que los empleados desplieguen sus habilidades, es un elemento esencial para el proceso de On bording actual. Con estos equipos motivados y con habilidades desarrolladas es como podemos competir en un contexto de cambio constante y de incertidumbre. Esto es lo que desarrolla las capacidades organizacionales de las empresas, siendo éstas el recurso más importante para la generación de rentabilidad, sustentabilidad y competitividad.

A la fórmula de capital intelectual = competencias x compromiso le sumaría la visión clara de la estrategia que multiplique el propósito y misión de la organización.

Capital intelectual = ( competencias x compromiso) +(visión clara x propósito) Esta es mi fórmula personal. Peter Drucker sostenía “en la medida que se resuelvan los problemas de la empresa, se resolverán los problemas de la sociedad” Cambiemos pues, “las tumbas de los héroes y cunas de los pueblos”, por “cultivar talento y enterrar la mediocridad”. Cambiar la percepción de nación tercermundista y apartada, está en parte, en manos de los empresarios que conformamos a este país. La creación de líderes extraordinarios en nuestras empresas traerá como consecuencia directa la mejora de nuestra sociedad, y este efecto aglutinador y masificador podrá ser capaz de cambiar a nuestro país para hacerlo más competitivo y destacado.

1 Riding, A. (1985) Vecinos Distantes: Un retrato de los mexicanos, Planeta.

Roberto Esparza Viedma

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